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Hombre timido

Consejos dejar de ser tímido

Si vas a leer este texto es porque eres un tipo tímido, no sé en qué grado ni tampoco tu edad, pero una cosa doy por segura, la timidez está afectando a tu manera de comportarte con las mujeres, lo que sin duda repercute negativamente en tu calidad de vida. Creo que es el momento de ayudarte a solucionarlo.

Y es que hablemos claro, nacer tímido es una putada a la hora de ligar. Yo soy (o en su día fui) el mayor tímido que hayáis podido imaginar, así que sé de primera mano lo jodido que es. Cuando era joven, si me hablaba una chica, me ponía rojo, tan rojo que las palabras me salían entrecortadas y todo el mundo se daba cuenta. Notaba un nudo en la garganta, necesitaba aire, se me aceleraba el corazón, hasta sentía en la tripa un cosquilleo parecido al que sientes cuando montas en una montaña rusa.
Y no creáis que hablo únicamente de mis tiempos de chaval, con 17 años – en 2º de bachiller – me seguía pasando, hasta yo mismo me percataba de que todo era completamente rídiculo, pero no podía evitarlo.
Por supuesto, en todo este tiempo no pillé cacho jamás. ¿Quién puede ligar en semejantes condiciones?

Hoy en día todo es diferente, ligar me resulta muy fácil. Si me hubieran dicho hace 10 años, cuando terminaba el bachiller, que ésta sería mi realidad actual, no me lo creería. ¿Qué es lo que ha cambiado 
En el fondo sigo siendo el mismo, sigo teniendo los gustos que tenía, las mismas aficiones, la cuadrilla de amiguetes de toda la vida, y para bien o para mal, la misma cara de siempre.

Si tuviera que decirte el secreto en una sola frase; diseñar un eslogan que cambiara tu vida, sin duda sería atrévete a atreverte.

La tímidez es una coraza evolutiva que nos protege de muchas de las maldades del mundo en las fases tempranas de la vida, y sólo desaparece con la habituación. Es decir, la timidez en un entorno salvaje nos ayuda a mantenernos vivos y es evolutivamente rentable, nuestros ancestros dejaban de ser tímidos cuando estaban preparados para ello. El problema es que en la sociedad contemporánea, los que nacemos más tímidos que el resto no tenemos las experiencias espoleantes que sí tenían nuestros antepasados hace miles de años. En la época actual, la vida raramente nos pone (constantemente) entre la espada y la pared, como sí sucedía en otros tiempos. Las luchas de nuestro día a día no son por la supervivencia inmediata, y antes de enfrentarnos al mundo y luchar (en este caso contra nuestra timidez), preferimos evitar el conflicto y refugiarnos con esa gente o en esos lugares donde nos sentimos cómodos y seguros. Somos cortoplacistas por naturaleza, y hacer el esfuerzo de superarnos tiene muchas veces unos costes inmediatos muy incómodos.
El problema es que así raramente escarmentamos, y seguiremos siendo tímidos a perpetuidad.

Para cambiar la timidez debemos tratar de racionalizar lo que nos ocurre, y sobre todo asumir que es reversible. Por muy tímido que seas, debes saber que tu realidad puede cambiarsi te lo propones con fuerza. Si yo pude, ¿Por qué no vas poder tú?

Todo el mundo recuerda el primer día que va a la universidad, o el primer día en que se apunta a una actividad deportiva – en realidad a una actividad cualquiera – y no conoce a nadie. Y tú, mi querido lector, también recordarás episodios similares. ¿A que sentiste cierta ansiedad? Todo el mundo la sufre, en mayor o menor medida. Sin embargo, según pasan los días y vamos socializando, ésta desaparece. Nos hemos habituado al nuevo entorno.
Con la timidez pasa lo mismo, espabilar no es “curarte”, lo que realmente sucede – y esto es lo que me ha pasado a mí – es que al habituarnos a hablar con chicas que no conocemos, al obligarnos a hacerlo, nos acostumbramos y la ansiedad disminuye. “Hablar con desconocidas” se convierte en un nuevo entorno al que nos acabamos habituando (y con el tiempo, terminamos dominando).


Hay que tener cojones y dar el primer paso, esa es la clave. Si lo haces, tu realidad empieza a cambiar, parece increíble, pero es así, tan fácil como esto. Primero disminuyen todos los síntomas fisiológicos, después empiezas a ganar en soltura e ingenio, y finalmente, al cabo de cierto tiempo, consigues que te la sude completamente “el qué dirán”. 
Cuanto más te enfrentas a tus miedos, más los dominas.
Y esto es aplicable a cualquier tipo de miedo, da igual que sea timidez, sangre, alturas, arañas o cucarachas.